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Poner normas a los hijos es necesario para que vivan con éxito en la sociedad”

Las psicólogas Silvia Álava y Alejandra Vallejo-Nágera debaten sobre como mejorar la educación en casa
La felicidad, aseguran numerosos estudios científicos, viene determinada en un 50% por la genética; en un 10% por las circunstancias externas o el contexto; mientras que el restante 40% depende de nosotros, de actividades intencionales y emocionales que nos llevan a ser felices. Es, explica la psicóloga Silvia Álava, «en este 40% donde los padres pueden influir para aumentar la felicidad de sus hijos», a través de las pautas educativas, de los valores y del ejemplo que les trasmiten y que les sirven para enfrentarse a los retos que se van a encontrar en la vida.
«Educar en valores es fundamental, es importantísimo», asegura la también psicóloga Alejandra Vallejo-Nágera, que propone a los padres un pequeño juego para intentar situarles en el lugar de sus hijos. Algo tan sencillo como pedirles que, sin hacer trampas, dibujen una foto que otro adulto le describa, sin que el que describe vea los progresos del dibujo, para que no pueda reorientar sus trazos. Este simple ejercicio, nos sitúa en una tesitura similar a la de los niños, nos provoca la misma frustración que sienten los pequeños cuando no entienden bien lo que se les dice, sienten que le faltan datos y tienen que interpretar las descripciones con su propia experiencia.
Los niños, asegura Álava, «se enfrentan a novedades constantemente, sorpresas, amenazas... y necesitan herramientas para aprender a gestionar todas esas novedades». Esas herramientas, corrobora Vallejo-Nágera, son los valores, «los principios básicos de su educación: la lealtad, flexibilidad, motivación, empatía, esfuerzo, capacidad de recuperarse tras el fallo, etc. Y, los principales referentes para trasmitir esos valoresson precisamente los padres».
Silvia Álava también insiste en este punto: «los valores se enseñan con el ejemplo. Los padres los enseñamos con nuestro comportamiento porque los valores son el motor de nuestra conducta». Además, añade, otros valores muy importantes para enseñar a los niños como son la humildad (nadie es más que nadie), el compromiso, la gratitud, la amistad, la paciencia (las cosas nos salen siempre a la primera) o la responsabilidad (asumir las consecuencias).
El colegio y los profesores
Ambas expertas coinciden también en la importancia del papel de los profesores. «Aunque los responsables de inculcar valores son los padres, si además se hace también desde el colegio, será más fácil para los niños», apunta Álava. Gillian Flaxman, directora del British Council School confirma esta idea,: «Es muy necesario que se facilite el apoyo entre el colegio y el hogar, porque ambos compartimos la responsabilidad de que los líderes del mañana sean personas integras. Los niños están en las aulas cerca de 15 años (desde los 3 a los 18) y cuando se van, lo hacen con muchos de los valores que les hemos inculcado».

Además de valores y del ejemplo de los padres, Silvia Álava apunta a la existencia de normas y límites como otras de las pautas educativas importantes para aumentar la felicidad de los pequeños. «Los niños muchas veces no saben lo que tiene que hacer, por eso son buenas las normas y los límites. Las normas no anulan su personalidad y además, desarrollan autocontrol que es absolutamente necesario si queremos que vivan con éxito la sociedad de hoy en día y su futuro laboral». «Establecer normas en casa, por ejemplo —explica— obliga a los padres a ser congruentes y a establecer consecuencias tanto en positivo, a través del premio, como en negativo, cuando no se hace».
Sobreprotección
Uno de los errores más comunes entre los padres es el de la sobreprotección. «Confundimos amor, con miedo a que les pase algo», explica Alejandra Vallejo-Nágera, y anima a los padres a que «no inhiban a sus hijos de la posibilidad de conocer el mundo mediante la resolución de sus problemas. Necesitan resolver por sí mismos tantos problemas como sean posibles, y tan pronto como sea posible». Y ofrece un ejemplo fácil de entender: cuando les enseñamos a montar en bici. «No nos subimos nosotros a la bici, les vamos a enseñar, estamos a su lado, y si se caen, les secamos las lágrimas, les curamos las heridas y les animamos a que sigan intentándolo. Y se van a caer, y también deben aprender que nos es fácil y que las cosas no salen a la primera». De esta forma les estamos enseñando cosas tan importantes como el esfuerzo, la paciencia, la superación. «Bien estudiada, la base de la confianza o del apego seguro, todos los hijos pueden enfrentarse a casi todo, y eso es algo básico que deben entender todos los padres», concluye.

La psicóloga Alejandra Vallejo-Nágera
En la misma línea, Silvia Álava también nos habla de la figura del «padre helicóptero» que vigila desde arriba para intervenir cada vez que su hijo se enfrenta a un problema. «Tenemos que conseguir que sean autónomos y seguros, y para ello hay que enseñarles a resolver sus problemas». Cuando les sobreprotegemos, insiste, «desarrollan menos competencias emocionales porque les preparamos de tal forma el camino que los niños no tienen que hacer ningún esfuerzo. Y les hacemos más inseguros porque siempre van a necesitar un adulto. A la larga son más infelices», concluye.

¿COMO CONTROLAR EL USO DE DISPOSITIVOS MÓVILES EN NUESTROS HIJOS?

Según el Regulador Británico de Telecomunicaciones (Ofcom), un niño de seis años se maneja mejor con la tecnología que un adulto de 45 años. Pero cuidado, esta habilidad en ocasiones puede volverse en contra del menor. El Colegio Europeo de Madrid y Escuela Infantil Europea BEBIN, explican que es muy importante que los padres controlen el uso de dispositivos móviles de sus hijos

La presente era digital en la que vivimos sumergidos aporta muchos beneficios en la sociedad, pero a su vez expone a los menores a riesgos que antes no existían: contenidos inapropiados en internet, contacto con individuos poco recomendables y costumbres perjudiciales para los más pequeños.

«Los dispositivos móviles se pueden usar desde niños porque son muy adaptables a todo tipo de edades y perfiles, siempre y cuando la persona adulta que está al cargo, guíe y enseñe al menor a usarlo de una manera adecuada», explica Emma Pérez, directora del Colegio Europeo de Madrid y Escuela Infantil Europea BEBIN de Madrid.

Según el último informe del Ministerio de Interior sobre hábitos de uso y seguridad de Internet de menores y jóvenes en España, un 60% de los niños y adolescentes se conecta diariamente a la Red durante un periodo mínimo de una hora. Si hablamos del uso de redes sociales entre adolescentes, la cifra se eleva al 90%. Estas cifras más que significativas hacen tomar conciencia de que nuestros hijos necesitan ser guiados a la hora de hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías.

«No existe una edad determinada para que los niños comiencen a utilizar dispositivos móviles, lo que debemos hacer es enseñarles a seleccionar los contenidos adecuados a su edad», aseguran expertos.

Si la actividad del menor cuando usa los dispositivos móviles está guiada por un adulto no existirán efectos negativos en el mismo, todo lo contrario, le permitirá el acceso a todo tipo de recursos además de desarrollar su creatividad y autonomía personal.

Desde el Colegio Europeo de Madrid recomienda una serie de aplicaciones para poder ejercer el control necesario sobre el uso de dispositivos móviles de nuestros menores:

MDM: Permite saber qué aplicaciones tienen instaladas tus hijos o si lo prefieres solo permitir algunas, las que creas conveniente. Puedes revisar las aplicaciones instaladas en todos los dispositivos conectados y eliminar aplicaciones inapropiadas. Además podrás controlar todas sus llamadas.

Qustodio: Aplicación gratuita disponible para Android e iOS. Nos permite restringir contenidos e informarnos sobre qué páginas y qué actividad realizan nuestros hijos en sus dispositivos.

Parental Control: Disponible en App Store, permiten bloquear el acceso a los diferentes dispositivos, establecer horarios y tiempos de conexión máxima sólo accesibles mediante una contraseña instalada por los adultos.

¿ES NORMAL QUE MI HIJO SE ENFADE TANTO Y TIRE AL SUELO UN JUEGO CUANDO PIERDE?

Razones por las que actúan así y pautas para evitarlo

Muchos padres comienzan ilusionados con sus hijos de corta edad a jugar a sencillos juegos. Celebran ver cómo los pequeños saben lo que tienen que hacer y logran la victoria. Es más, lo habitual es que se dejen ganar para ver la amplia sonrisa de sus hijos. Pero, ojo, esta forma de actuar puede tener sus consecuencias negativas si se mantiene en el tiempo.
Si un niño está acostumbrado a ganar, en el momento en que tenga que enfrentarse a que otra persona sea la que se hace con la victoria, lo más seguro es que no acepte su pérdida y tenga una gran rabieta e, incluso, se manifieste algo violento y tire al suelo o por los aires el juego en cuestión para dar fe de su desacuerdo con la situación.
La violencia no debe admitirse en ningún caso. Según Susana Cruylles, psicóloga clínica y terapéuta de familia del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, este tipo de reacciones debe ser corregida de inmediato. La tolerancia a la frustración debe ser aprendida desde el primer momento. «No obstante, el niño tendrá este comportamiento si ve en su entorno que los padres, o profesores, solucionan una situación similar dando un golpe con el puño en la mesa, una patada a la silla... Es decir, los padres son un modelo a seguir y si ellos actúan así, los niños le imitarán».
Esta experta recomienda a los padres que expliquen a sus pequeños que cada vez que participan en un juego tienen que saber que unas veces se gana y otras se pierde. En el caso de que pierda, el adulto debe decirle «sé que te sientes triste y enfadado por perder. Entiendo que te sientas así porque es más divertido y satisfactorio ganar, pero no pasa nada, hay que seguir adelante y probablemente la próxima vez podrás ganar». Es decir, se trata de ayudar «a que el niño identifique sus sentimientos —el enfado— para que pueda aprender a controlarlo. Es la base de la salud mental —puntualiza Susana Cruylles—. Es muy importante que sepan aceptar la frustración porque si no lo hacen de pequeños, tendrán muchas rabietas y sufrirán mucho. Más tarde, con 10 años no aceptarán que pierdan un partido; con 20, que les deje su novia o con 25 que no encuentran un trabajo...».
También señala la importancia de ofrecerle juegos adecuados a su edad. «Hay muchísimos padres que, por ejemplo, les facilitan videojuegos con contenidos violentos o para más mayores por lo que no los comprenden y es difícil que puedan ganar y se sentirán frustrados porque no saben hacerlo».
Otra buena táctica, cuando no son capaces de aceptar la derrota consiste en que juegue dentro de un equipo, de esta manera la pérdida será común y más llevadera.

Noticias TDAH – EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN

Del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se dice de todo: que no existe, que alguien reconoció habérselo inventado, que es un fraude de la industria farmacéutica, que damos pastillas a los niños para que no molesten, etcétera. ¿Somos los médicos, psiquiatras y neuropediatras profesionales corruptos y remunerados por la industria farmacéutica para tratar un trastorno que no existe? ¡Ya está bien! ¿Por qué no se exigen estudios serios a quien niega el trastorno? ¿Por qué no se muestran los resultados sobre la evolución de pacientes diagnosticados y tratados de formas alternativas y se presentan en foros científicos?

¿Y la prensa? La información ha de ser plural, aducen. De acuerdo, pero también seria. Una cosa es informar sobre tratamientos alternativos y otra subirse al carro de la desinformación. ¿Es que creer o no creer en el TDAH es una cuestión de fe? La evidencia científica es apabullante con relación a las diferencias que existen en el desarrollo del cerebro de los niños con TDAH, a alteraciones genéticas asociadas al consumo de alcohol durante la gestación o a los efectos de la prematuridad. Por no hablar de estudios como el reciente publicado en The Lancet que, tras analizar la evolución de 30.000 personas con TDAH, muestra una mayor mortalidad por accidentes y drogadicción.

La relación del TDAH con el fracaso escolar y el buen resultado de la detección precoz están más que demostrados. El manejo adecuado debe ser no sólo farmacológico, sino multimodal, lo que incluye la intervención psicoeducativa a padres y maestros, la reeducación y el tratamiento psicológico

 
 

Padres exigentes: 7 aspectos en los que se equivocan

Ideas para prevenir problemas en la educación por parte de padres y madres con altas expectativas.

Criar y educar bien a un hijo no es fácil. Si bien la mayoría de padres quieren lo mejor para sus hijos, no en todos los sujetos funcionan de igual manera las distintas maneras de educar. Así, las estrategias educativas que se emplean no siempre son las más adecuadas para lograr la autonomía y correcto desarrollo de un niño o niña.

Sobreprotección, autoritarismo, ambigüedad… todo ello puede conllevar que los hijos se formen una idea de la realidad que puede o no servir para su correcta adaptación a las circunstancias vitales que les toque vivir. Entre todas estas características de diferentes tipos de educación podemos encontrar la exigencia exagerada, que puede causar diversos problemas en los hijos. Por este motivo este artículo se va a centrar en los padres exigentes y los siete aspectos o cosas en las que se equivocan.

Exigir demasiado: cuando la disciplina y el esfuerzo se llevan demasiado lejos

Hay maneras muy diferentes de educar. El patrón de comportamiento que utilizamos a la hora de educar a nuestros hijos, la forma de interactuar entre padres e hijos, como se les enseña, refuerza, motiva y expresa son lo que se denomina estilo parental.

Resulta común que, en una sociedad cada vez más líquida y dinámica, muchas familias opten por intentar imprimir disciplina en su progenie, intentando inculcar la cultura del esfuerzo y motivar que los hijos aspiren siempre a lo máximo y busquen alcanzar la perfección. Este tipo de padrestienden a exigir a su prole que estén activos, se esfuercen lo máximo posible y consigan cumplir todos los objetivos que se les proponen con la máxima eficiencia posible.

Los padres excesivamente exigentes tienden a tener un estilo parental autoritario, que se caracterizan por tener un tipo de comunicación básicamente unidireccional y poco expresiva, con una jerarquía clara y que proporcionan reglas claras y rígidas, otorgando poca autonomía al menor y presentando un gran nivel de control y elevadas expectativas respecto a ellos. Sin embargo, si bien la disciplina y el esfuerzo son importantes, un exceso de exigencia puede provocar dificultades en el desarrollo psicoemocional de los niños y niñas, como las que se pueden ver a continuación.

7 errores frecuentes derivados de una elevada exigencia paternal

Emplear la exigencia ocasionalmente como manera de aumentar el rendimiento puede resultar efectivo. Sin embargo, si es un patrón de comportamiento consistente y no se acompaña de una comunicación eficiente y una expresión de sentimientos coherente, en algunos sujetos este estilo educativo puede contribuir a causar diferentes problemas de adaptación.

Algunos de los errores que cometen los padres especialmente exigentes son los siguientes.

1. Sobreexigir no aumenta el rendimiento

Si bien fomentar el esfuerzo y la mejora de los resultados puede ser de utilidad para aumentar el rendimiento de forma puntual, mantener un elevado nivel de exigencia a lo largo del tiempo puede de hecho causar el efecto contrario: el rendimiento puede disminuir al pensar que no se es lo suficientemente bueno, o bien debido a la perseverante búsqueda de una mejora en los resultados obtenidos.

2. Intolerancia a los errores

Es común que las padres exigentes no refuercen de manera suficiente los esfuerzos de sus hijos, notando sin embargo la presencia de algunos errores. Por ello la idea que se transmite a los hijos es que el error es algo malo, que debe ser evitado. Se forma así una intolerancia hacia el error, que puede conducir al siguiente de los puntos, el nacimiento de perfeccionismo.

3. Un exceso de perfeccionismo no es bueno

Un exceso de exigencia en la infancia puede provocar en los niños la sensación de que lo que hacen nunca es suficiente, no sintiéndose satisfechos con lo que hacen a lo largo de su vida. Así, estas personas desarrollan la necesidad de hacer las cosas lo mejor posible, buscando la perfección. A la larga esto hace que sean personas no acaben las tareas, dado que las repiten una y otra vez de cara a mejorarlas.

4. Se crean expectativas irrealizables

Creer en las posibilidades propias y ajenas es bueno. Sin embargo, es necesario que dichas expectativas sean realistas. Unas esperanzas demasiado elevados e irrealizables causan frustración ante la incapacidad de cumplir con ellas, que a su vez puede causar una autopercepción negativa de las propias habilidades.

5. Exigir mucho puede provocar inseguridad y baja autoestima

Si la exigencia no es seguida por el reconocimiento del esfuerzo que se realice, el niño o niña no sentirá que sus esfuerzos hayan merecido la pena. A la larga pueden desarrollar severos problemas de ansiedad y depresión, así como indefensión aprendida al pensar que sus esfuerzos no cambiarán el resultado final.

6. Centrarse en cumplir puede causar falta de automotivación

Hacer que un niño se centre demasiado en lo que debe hacer puede provocar que ignore qué quiere hacer. Si esta situación se da de manera persistente dicho niño o niña en la etapa adulta presente bloqueos emocionales e incapacidad o dificultad para automotivarse, debido a que no han terminado de desarrollar en la infancia sus propios intereses.

7. Puede provocar problemas en las relaciones personales

Los hijos de padres muy exigentes tienden a aprender el nivel de exigencia de sus progenitores, y a reproducirlo en el futuro. De este modo, puede serles más difícil socializar debido al elevado nivel de exigencia que pueden presentar tanto de cara a sí mismos como respecto a otras personas en sus relaciones.

Recomendaciones para evitar estos errores

Los aspectos citados hasta el momento son debidos principalmente a la presencia de presión y expectativas elevadas, intolerancia a errores y falta de refuerzo ante la propia conducta. Sin embargo, el hecho de ser un padre exigente no implica necesariamente que aparezcan estos problemas, pudiendo evitarse con una comunicación y expresión emocional suficientes. Algunos consejos o recomendaciones a la hora de evitar los déficits indicados podrían ser los siguientes.

Acompañar mejor que instruir

La presión que sienten estos niños es muy elevada, en ocasiones siendo incapaces de hacer lo que les gustaría hacer al nivel que querrían sus seres queridos. Para evitarlo se recomienda que las expectativas que se transmiten a los hijos sean realistas y ajustadas a las capacidades demostradas por el menor, evitando extremismos.

En lo que respecta a la intolerancia a los errores, esta no se produce si se enseña al niño o niña en cuestión que equivocarse no es malo ni significa fracasar, sino que son una oportunidad de mejorar y aprender. Y que aún en el caso de fracasar ello no implica que se les deje de amar.

Valorar su esfuerzo y no sus logros

Gran parte del problema que produce este tipo de educación es la no valoración del esfuerzo llevado a cabo. La solución pasa por considerar la importancia del esfuerzo realizado por los niños, independientemente de los resultados, y contribuir a que este esfuerzo llegue a buen término. Esto es especialmente importante cuando el niño hace una actividad correctamente, en que en ocasiones no se felicita al considerarse algo normal y esperable.

La confianza en las habilidades de los niños es fundamental de cara a motivarlos y aumentar su autoestima. De cara a no desvalorizar las capacidades de los niños se recomienda que si hay algo que se quiera corregir, se intente indicar de manera positiva y sin incurrir en la crítica, o en todo centrarla en la actividad o el objetivo a conseguir y no en el niño y su capacidad.

“Una mala palabra a un niño puede llevarle a la autodestrucción o la destrucción de los otros”

Luis Castellanos, propone un cambio educativo en 'Educar en lenguaje positivo '. ¿Qué consecuencias tiene utilizar este tipo de expresiones cuando nos dirigimos a los menores? “Una mala palabra a un niño puede llevarle a la autodestrucción o la destrucción de los otros” Frases como “Si suspendes no vas a ser nada en la vida”, “Si no estudias, no sales de casa”, “No vas a aprobar”, “Mejor ni lo intentes”, “Esto no se te da bien” han sonado, al menos, una vez en la vida de cualquier estudiante en nuestro país. ¿Qué consecuencias tiene utilizar este tipo de expresiones cuando nos dirigimos a los menores? El pionero en la investigación del lenguaje Luis Castellanos propone un cambio educativo en su último libro Educar en lenguaje positivo (Paidós). Los fundamentos científicos y la metodología de su Proyecto “Palabras Habitadas”, que recientemente se ha puesto en práctica en el Instituto Profesor Julio Pérez, de Rivas-Vaciamadrid, se exponen en este libro como recurso educativo para padres y profesores. El pacto educativo, un asunto de generaciones, no de elecciones La falta de cuidadores en un colegio de Valencia deja sin clases a un menor con una discapacidad “Una mala palabra a un niño puede llevarle a la autodestrucción o la destrucción de los otros” El modelo educativo es “antinatural”: no todos aprendemos lo mismo al mismo tiempo Pregunta. ¿Cómo influye la palabra en el pensamiento y este en el comportamiento del niño? Respuesta. Que el pensamiento moldea el cerebro está demostrado científicamente, con estudios que analizan cómo una mala palabra disminuye la capacidad cognitiva del sujeto. Hasta ahora, la Humanidad ha sobrevivido gracias a una serie de emociones negativas, como el miedo, porque el miedo nos defendía ante las amenazas. Pero esto ya no es necesario. Influimos en las capacidades de los niños a través del lenguaje y de las palabras que usamos con ellos. P. ¿Y cómo se puede motivar a un niño a que estudie o se esfuerce a través de un lenguaje positivo? R. No se trata de un optimismo buenista, sino de dar herramientas para el día a día. El error ha sido pensar que el éxito en la vida dependía de una consecución de cosas: estudios, trabajo, casa, pareja, hijos. ¿Eso garantiza una vida feliz? No, los padres no quieren que los hijos sean clones de ellos, sino que sean felices, que su historia de vida sea digna. El mundo nos duele porque nos han apretado los tornillos en la cabeza que son las palabras. No hemos prestado atención en la enseñanza y en casa al lenguaje que utilizamos hacia nosotros mismos y hacia los demás. P. Un cerebro al que han hablado con malas palabras, ¿es diferente al cerebro que ha escuchado palabras positivas? R. Rotundamente, sí. Nosotros lo llamamos “palabras habitadas”, que elegimos conscientemente. El cerebro es maleable y las conexiones sinápticas se ven influidas por las palabras, como expusimos en el libro anterior, La ciencia del lenguaje positivo. Hace años publicamos en Plos One los resultados de un experimento que hicimos con deportistas y estudiantes. Buscábamos “palabras clave”, positivas o negativas, y medíamos cómo reaccionaba el sujeto a los estímulos cuando escuchaba unas u otras. Medimos las reacciones cerebrales con resonancia magnética y electroencefalografía. Y comprobamos cómo, ante las palabras positivas, los sujetos eran más rápidos en la prueba y acertaban mejor a los estímulos. Esto es clave en la enseñanza y la comunicación con los estudiantes. Mejora su rendimiento cognitivo y su memoria con solo introducir cambios en el lenguaje con el que nos dirigimos a ellos. P. ¿Qué consecuencias tiene a medio y largo plazo estas palabras negativas o el silencio? R. No somos conscientes del daño que hace el castigo del silencio. Se le pasan mil cosas por la cabeza a ese niño: “¿qué he hecho mal, y si mis padres ya no me quieren, y si no me vuelven a hablar?” Su autoestima empieza a descender. El silencio se convierte en el mayor bullicio negativo en la cabeza de una persona. Un niño al que sus padres han castigado con el silencio en la infancia lo usará también como presión hacia sus iguales en su madurez. Tenemos que tomar conciencia de todo esto y “habitar” las palabras: escogerlas. Hasta ahora no sabíamos que una mala palabra a un niño puede llevarle a la autodestrucción o la destrucción de los otros. Pero ahora que lo sabemos, no podemos ignorarlo. El futuro de nuestros hijos, sus vidas, depende de ese uso del lenguaje. P. ¿Qué han descubierto en el experimento “Palabras Habitadas” puesto en práctica en el instituto Profesor Julio Pérez de Madrid? R. Fue asombroso comprobar cómo un año de trabajo introdujo grandes cambios en las clases, incluso con los niños más “disruptivos”, aquellos sentados en la última fila, capaces de romper una clase. Utilizamos todas las herramientas disponibles, como pegar palabras concretas en sus zapatos, escribir una frase motivadora en la pizarra… escribir el “Cuaderno de las Palabras Habitadas”, con objetivos. En un curso escolar vimos el cambio, que nos sorprendió a todos: los niños mejoraron su rendimiento, su capacidad de concentración y su relación con los iguales, con los profesores y sus padres. Solo hizo falta cambiar el lenguaje que se utilizaba en el día a día. P. En su metodología propone a padres y profesores unas “listas de comprobación” para introducir estos cambios. ¿En qué consisten y para qué sirven? R. Consiste en escribir listados con las palabras que usamos, para ser conscientes de cómo nos expresamos. Una anécdota curiosa sobre esto es cuando trabajamos con padres, que no se dan cuenta del lenguaje que usan con sus hijos. Las listas de comprobación les hacían ver que por las mañanas no habían dado los “buenos días” a sus hijos, mirándoles a los ojos. Despedirte de ellos, desear que tengan un buen día, preguntarle cómo está. En cambio, podían haber empleado palabras malsonantes o críticas. Vale. No se trata de autoflagelarse. No somos perfectos: si has tenido una discusión con tu hijo o le has hablado mal, no pasa nada. Reconcíliate, toma conciencia y elige mejor tus palabras la próxima vez. P. ¿Por qué no se incorpora a la enseñanza todo este conocimiento sobre la influencia y el riesgo del lenguaje? R. Esto requiere una franqueza absoluta: la educación en España tiene un problema y son los políticos, que han caído en la “psicología de la escasez”. No hay pactos educativos. Tenemos un alto índice de abandono y fracaso escolar. Cuando les planteas la evidencia científica y les pides medidas te dicen “Uy, sí, el lenguaje es importantísimo, vamos a hacer cosas”. Pero nunca se da el paso, no se toman decisiones políticas mientras el bullying se extiende y los niños se dicen barbaridades frente a un espejo. Aprenden mucho de matemáticas o historia, pero poco de cómo hablarse a sí mismos. En Canadá y Francia quieren introducir el lenguaje positivo como base de la inteligencia emocional dentro de la enseñanza. Es un primer paso. Si las instituciones no lo hacen, mi petición sería que los colegios, los profesores, las asociaciones de padres se pongan en contacto con nosotros. Ellos tienen las herramientas: el lenguaje es gratis. Nosotros solo tenemos que enseñarles cómo funcionan las palabras.

7 HABILIDADES NECESARIAS PARA LA VIDA QUE NO NOS ENSEÑARON EN LA ESCUELA

¿Cuántas veces hemos pensado que lo que nos enseñan en la escuela no nos sirve para la vida real?

Las habilidades olvidadas por la escuela que nos harían más felices y plenos:

1. Seguir una pasión

Cuando entramos al colegio aprendemos el significado del “deber”. Nos enseñan que “las cosas que valen la pena requieren sacrificios”. Sin embargo, lo cierto es que cuando algo nos apasiona de verdad, no solo brillaremos en ello sino que no necesitamos movernos por el deber, porque tenemos un motivo impulsor mucho más poderoso: la pasión.

Como resultado de esa educación basada en el deber, hay millones de persona realizando trabajos que no les gustan y viviendo vidas que no les satisfacen. Nadie les enseñó que el secreto está en seguir su pasión.

2. Aprovechar los errores

La escuela se encarga de castigar duramente los errores. Las calificaciones escolares no consideran el esfuerzo ni la individualidad, tan solo los aciertos y las equivocaciones.

Como resultado, no es extraño que nos aterrorice cometer errores, porque creemos que estos disminuyen nuestra valía como personas. Ese miedo a equivocarnos puede llegar a ser tan intenso que aplasta nuestra motivación y nos paraliza.

Afortunadamente, métodos como el del bolígrafo verde contribuyen a cambiar esta situación y nos permiten comprender que los errores son oportunidades de aprendizaje.

3. A valorar el tiempo

El tiempo no es dinero, el tiempo es vida. Es la posesión más valiosa que tenemos, aunque no siempre lo valoramos en su justa medida. De hecho, acudir todos los días a una escuela donde nos enseñan contenidos que no despiertan nuestro interés y que no tienen aplicaciones prácticas es una manera de restarle valor a nuestro tiempo.

Obviamente, cuando nos olvidamos del dinero y comenzamos a pensar en términos de tiempo nuestra vida da un vuelco radical. Por ejemplo, en vez de preguntarnos cuánto cuesta el nuevo iPhone, podemos preguntarnos cuánto tiempo debemos trabajar para comprarlo. ¿Merece la pena? Solo entonces empezamos a valorar las cosas en su justa medida.

4. Gestionar las emociones

Ahora sabemos que el éxito profesional y el nivel de satisfacción en la vida no dependen directamente del cociente intelectual, sino de la Inteligencia Emocional. Eso significa que, si bien el conocimiento es la base, es probable que no lleguemos demasiado lejos o no seamos muy felices si no somos capaces de gestionar adecuadamente nuestras emociones.

Por desgracia, nadie nos enseña a reconocer y gestionar nuestros estados emocionales, por lo que muchas veces nos sentimos culpables cuando experimentamos ciertas emociones o no sabemos cómo expresarlas asertivamente.

5. Ser resiliente

La adversidad nos aguarda a la vuelta de la esquina, por lo que es mejor estar preparados para cuando toque a nuestra puerta. Sin embargo, nadie nos enseña a lidiar con los problemas sin perder el equilibrio emocional.

La resiliencia es una habilidad que normalmente se desarrolla de manera espontánea, golpe tras golpe, pero también podría potenciarse a través de una educación que nos enseñe a enfrentar los problemas con sentido del humor, que nos ayude a detectar nuestros puntos débiles, nos muestre cómo pedir ayuda y nos permita desarrollar una visión positiva y equilibrada de la vida.

6. A negociar

Si supiéramos negociar evitaríamos muchísimos conflictos a lo largo de la vida. Sin embargo, desde que entramos en el colegio nos damos cuenta de que no hay margen para la negociación, todo está decidido, desde el plan de clases hasta los minutos de recreo. Así aprendemos a acatar las reglas y asumimos un terrible mensaje: hay ganadores y vencidos.

Como resultado, comenzamos a afrontar la vida de esa manera: como una competición en la que queremos ganar, sin darnos cuenta de que el mejor escenario es aquel donde todos ganan.

7. A buscar el equilibrio

En la escuela nos enseñan a esforzarnos y trabajar duro para obtener cada vez mejores resultados. Sin duda, es un buen mensaje, pero si lo llevamos al extremo terminaremos engordando primero el currículo escolar y luego el profesional, olvidándonos del “currículo de la vida”.

Por eso, no es extraño que nuestra sociedad produzca personas adictas al trabajo que no tienen tiempo libre y han olvidado cómo relajarse. Este desequilibrio termina pasando factura a nivel emocional, social y físico porque descansar es tan importante como trabajar y pasar tiempo con los demás es tan importante como pasar tiempo con uno mismo.

Si no somos capaces de encontrar ese equilibrio, antes o después algo se romperá en nuestro interior. Y no siempre podremos arreglarlo.

Texto de Jennifer Delgado

¿Qué es el ciberacoso?

Se considera ciberacoso a un nuevo tipo de acoso que se produce a través de las tecnologías de la información y la comunicación.
El ciberbulling, se trata de un tipo de ciberacosa en un contexto en el que únicamente están implicados menores,, no se produce ciberbulling cuando uno de los dos participantes es adulto.
Lo que el ciberbulling y el bullying tiene en común, es que ambos hacen alusión al acto agresivo e intencional desarrollado por un individuo o grupo de forma repetida y continuada, dentro de una relación asimétrica de control y poder sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma.
Características:
• Es una extensión del acoso recibido en el centro escolar.
• El acosado/a es víctima dentro y fuera del centro escolar.
• El número de observadores /as es mayor que en otro tipo de acoso escolar.
• Carácter anónimo de los acosadores.
• Debido a que no requiere la presencia física del acosador, este puede llevarse a cabo en cualquier lugar y a cualquier hora.
Variables del ciberacoso:
• Ciberacoso: sexual: misma figura que el acoso sexual pero por vía tecnológica.
• Ciberacecho: se trata de un acoso a nivel tecnológico, donde son vigiladas todas las acciones y movimientos del acosador.
• Grooming: es una práctica en la que media el engaño en busca de satisfacción sexual.
• Luring: se trata de una atracción del menor hacia el medio físico, por parte de un adulto. Se origina en la red.
• Webs despectivas: creadas con la finalidad de ocasionar daños a la reputación de una persona con información falsa.

Indicadores de detección
• Mostrarse triste y nervioso.
• Mostrarse desmotivado para asistir al centro escolar.
• Deterioro repentino de las relaciones sociales.
• Mostrar ansiedad e irritabilidad cuando se sienta frente al ordenador.
• Escucharle llorar mientras lee, observa o escribe en el ordenador.
• Obsesionarse con consultar el ordenador solo.
• Manifestarse triste y deprimido al consultar redes sociales, mensajería etc.
• Haber tenido episodios de acoso en el centro escolar.
Recomendaciones a llevar a cabo para prevenir el ciberacoso:
• Educar a los chicos/as en hábitos de autoprotección, es importante que aprendan a mantener su intimidad, que no mantengan una relación con persona con personas que no conocen en persona. Hacerles ver la importancia de actuar en las redes igual que lo harían en la realidad.
• Frenar el acoso en las redes ante la primera manifestación.
• No permitir que se produzca acoso en ninguna de sus manifestaciones. Hay que trabajar para que los menores no se conviertan en espectadores pasivos, ante cualquier situación informar a las autoridades competentes.
• Enseñar a los menores a utilizar contraseñas y claves seguras.
• Aprender a actuar si el menor dice que está siendo víctima de ciberbullying, primero consolar al menor, mostrar apoyo y comprensión.
• Hacer que las victimas dejen de frecuentar las páginas en las que se les acosa.
• Enseñar a valorar la parte positiva del uso de internet.
• No contestar a los mensajes, ya que con ello entra en el juego del acosador.
• Guardar el mensaje como prueba, no tiene que leerlo pero podrá utilizarlo como prueba del hostigamiento.
• Bloquear al remitente como no deseado.